Hay lugares que vuelven a habitarnos con solo pensarlos. Lugares con los que fuimos uno, indisolubles, por un instante único o una vida fugaz.
Esos lugares nos pertenecen, desde la distancia. Inundan nuestros sentidos. Basta cerrar los ojos.
El rumor de las olas. La brisa salada en la piel. La arena escapándose entre los dedos… El mar. Siempre distinto. Siempre soberano.
Camino descalza por la orilla. Mis pies dejan un rastro que las olas se apresuran a borrar. Una tras otra, las olas regresan a besar mis huellas hasta borrarlas. Como si nada debiera perturbar la arena… Envuelven mi pasado y lo convierten en parte del todo, una continuidad sin marcas. Como si el mar supiera algo que nosotros olvidamos con facilidad. Que todo pasa. Que todo vuelve.
Me siento sobre la arena, todavía cálida, mientras el sol comienza a hundirse en el horizonte. Sé que pronto hará frío, pero me resisto a marcharme antes de ver el día en su apoteosis final. Apuro los últimos rayos anaranjados del ocaso. Su belleza se queda prendida en mis retinas.
Y soy sol y luz y rayo y mar y arena… por un instante. Grabado y borrado al mismo tiempo…
El mar, ya oscuro, se encrespa levemente. La brisa insiste en volarme el pañuelo.
—Volveré mañana —me digo.
…
El mar te espera, no tiene prisa, es tu silencio y tu bramido, tu pasión y tu calma, es solo tuyo y nada tuyo. Es tu huella y tu eco. Es todo. Lo que tuviste, lo que has dejado atrás, lo que vendrá.
A veces te sosiega. A veces te agita, te devuelve algo que creías perdido. Un recuerdo. Un deseo. El anhelo de un amor impreciso, pasado, futuro, eterno.
De esa in-quietud nació Caracola, uno de los poemas del libro Compás de espera · Variaciones de una fuga. Un poemario que se ha re-escrito así mismo este otoño, relamiendo sus heridas, despeinando sus versos, plasmando sus imágenes, liberando notas, acordes, ritmos ocultos bajo sus emociones…
Poemas como Caracola han emprendido un viaje más allá del papel, para convertirse en canción, en versiones diferentes a la espera de tu escucha, de tu mar sumado a mi mar… Tres versiones, tres maneras de dar voz a una misma llama, a una misma escucha, a una misma espera.
Las he dejado en Listening Room, mi espacio privado de AnyWayEva, porque todavía no he decidido cuál de ellas compartir públicamente. Me gustaría que formaras parte de esa decisión. Que las escucharas sin prisa y me dijeras cuál te conmueve, cuál te sorprende, cuál volverías a escuchar…
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Y si deseas descubrir también los versos originales del poema Caracola, antes de que se convirtieran en música, encuentras el poema en las páginas de Compás de espera · Variaciones de una fuga.
Un libro al que pertenecen tantos otros poemas, como formas de entender las fases del amor, tropezar, levantarse, luchar con uno mismo y contra uno mismo, superarse, volver a soñar, a desear…
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Yo, mientras tanto, vuelvo al mar, con las palabras, con el corazón, con la mente… como quien vuelve a casa después de la batalla para entregarse al sueño.
Eva
AnyWayEva · Words · Music · Stage · anywayeva.com · @anywayeva
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